viernes, 1 de agosto de 2014

Los psiquiatras consideran esta tristeza de otoño dentro del grupo de las depresiones endógenas. La causa se encuentra en nosotros mismos y nuestro organismo, dependiendo de la luz solar existente, el cerebro envía órdenes a ciertas hormonas, sobre todo la melatonina, que se encargan de regular el sueño, la temperatura corporal o la sensación de hambre. La producción de la melatonina es mayor con la reducción de horas de luz, y a la vez disminuye la cantidad de serotonina, otra hormona que tiene que ver con el estado de ánimo.

El trastorno otoñal viene provocado por una alteración de los ritmos vitales o circadianos que tienen que ver con la regulación de los ritmos sueño-vigilia y la reducción de horas solares.




La luz natural activa la serotonina, la dopamina, y la noradrenalina, que son los neurotransmisores encargados de estimular las neuronas o células cerebrales. Si estos neurotransmisores no reciben suficiente luz su actividad disminuye y la transmisión de mensajes químicos entre las células es deficitario, lo que lleva a un estado de tristeza, melancolía y en ocasiones, a un cuadro depresivo que puede convertirse en grave.

La luz solar también controla la glándula pineal, que segrega melatonina, la hormona responsable de las emociones y el control biológico del organismo en función del día y la noche, así como los cambios de estación del año. Por lo tanto, si la luz disminuye, como ocurre en otoño, se produce un desequilibrio entre las hormonas que afecta de forma directa a nuestro sistema emocional.

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